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INTELIGENCIA ARTIFICIAL: UNA GUÍA PARA DUMMIES ESCRITA POR UNO DE LOS VUESTROS.

UNA PANORÁMICA SOBRE EL PRESENTE MÁS INMEDIATO SIN RENUNCIAR A CONJETURAR SOBRE EL FUTURO MÁS LEJANO.

“…arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.” (Jorge Luis Borges)




Si usted cree que no sabe nada sobre inteligencia artificial se equivoca. Sabe más de lo que imagina. Este artículo viene a sumarse a los ríos de tinta que ya han corrido sobre el tema, en libros tan recomendables como “Superinteligencia” de Nick Bostrom , “La cuarta revolución industrial” de Klaus Schwab o “El Fin del Mundo Tal y Como lo Conocemos” de Marta García Aller .
Platón, cuando hablaba del grupo de prisioneros que solo conoce del mundo las sombras arrojadas en la pared de la cueva en su “Alegoría de la Caverna” , probablemente se estaba refiriendo a la inteligencia artificial.

Lejos de la espectacularidad de películas como “I.A.” (2.002) de Steven Spielberg, la inteligencia artificial se ha ido infiltrando paulatinamente en nuestra vida cotidiana. Hemos asumido con naturalidad los gigantescos cambios a los que nos estamos viendo abocados, corriendo el riesgo de que las implicaciones que conlleva la evolución tecnológica nos pasen desapercibidas.
“La inteligencia artificial está todavía lejísimos de la humana” afirman algunos expertos. Y tan lejos. Es muy interesante atribuirle categorías morales a la inteligencia artificial como si fuese un ente abstracto, autónomo, con ambiciones y opiniones propias. Y no. La inteligencia artificial es subsidiaria de la humana y en ese sentido, al igual que el arte y la ciencia, no es más que un reflejo de nuestras propias inquietudes, intereses y aspiraciones. Si pensamos mal y acertamos, si solo conocemos del mundo sombras proyectadas en la pared, tendremos que estar alerta, tal y como señalan algunas de las voces más prestigiosas de la comunidad científica .

“Somos como bebés jugando con explosivos” afirma Nick Bostrom, director del Instituto para el Futuro de la Humanidad de la universidad de Oxford y autor de “Superinteligencia” libro de referencia sobre el asunto que aquí nos atañe. Es indudable que si se piensa en algunos mandatorios internacionales, la advertencia de Bostrom dista de parecer exagerada o alarmista. En la historia de la humanidad no hemos requerido de la inteligencia artificial más puntera para desencadenar horrores apocalípticos. “La inteligencia artificial podría significar el fin de la raza humana” abunda Stephen Hawkings . “En realidad, desde hace muchos años ya tenemos posibilidad de aniquilar el planeta con todas las bombas atómicas que hay en el mundo. La tecnología para la destrucción ya existe “nos ¿consuela? Nuria Oliver».

Pero dejemos de referirnos a la inteligencia artificial como algo obtuso e intangible y bajémosla a la tierra, a lo concreto . El motor de búsqueda de GOOGLE y su traductor, por citar dos de sus servicios más recurrentes, se benefician de esta tecnología. Apps tales como UBER o RECENT NEWS también se sirven de ella para mejorar sus prestaciones. Hablando mal y pronto, la inteligencia artificial funciona mediante una serie de algoritmos procesando información, cruzando datos y devolviéndonos respuestas. Uno de los grandes peligros de estas apps y motores de búsqueda radica en que se nutren de la información que derramamos por internet y tienden, por tanto, a ofrecernos las respuestas que queremos oír, tal y como avisaba el expresidente Obama en una entrevista emitida recientemente.

Las grandes empresas tienen claro que la inteligencia artificial es el gran campo de batalla a conquistar en el futuro inmediato y actúan en consecuencia, invirtiendo en investigación o utilizando software de código abierto que les sirva de anzuelo para reclutar nuevos talentos . Todos a la caza de la tecnología disruptiva que les permita patear el tablero. GOOGLE ya podría poseer inteligencia artificial que estuviese realizando su propia inteligencia artificial , y aunque todavía parece muy remota la posibilidad de que las máquinas no necesiten de inteligencia humana para avanzar, es esta tesitura la que dispara los temores de Bostrom y Hawking.

“Al contrario que las anteriores revoluciones industriales , esta está evolucionando a un ritmo exponencial, más que lineal.” escribe Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, en su libro “La cuarta revolución industrial”. Está por ver como el mercado asimilará esta situación. El conflicto entre los taxistas y UBER pone de relieve la lentitud de reflejos que se está mostrando a la hora de legislar nuevos escenarios laborales . A los emprendedores no se les escapa que cada vez más tendemos a relacionarnos con el mundo a través de aplicaciones y ahí están picando piedra. Uno de los ejemplos más llamativos es el de WORKTODAY , app de búsqueda de empleo que ha sabido sacar provecho de la alta tasa de paro actual.

El futuro siempre deja más espacio para la conjetura que para la certidumbre en esta realidad permanentemente mutable. Escritores y guionistas de obras de ciencia ficción como “Ubik” , “Los invisibles” o “Matrix” (Lilly Wachowski, Lana Wachowski), ya no son los únicos en especular con la posibilidad de que el tejido de la realidad que conocemos no sea más que la punta del iceberg. Así los más conspiranoicos agradecerán saber que Bank of America otorga entre un 20% y 50% de posibilidades de que vivamos en un mundo virtual simulado por ordenador . Nick Bostrom habla de que “La fracción de todas las personas con nuestra clase de experiencias que están viviendo en una simulación es muy cercana a uno” en su teoría de la simulación . Ya no son sombras en una pared, son imágenes en las pantallas y quizás con tanto cambio descubramos que poco o nada ha cambiado desde que Platón enunció la Alegoría de la Caverna.

Empezábamos el texto con una cita de “La Casa de Asterión” , relato de Jorge Luis Borges donde se aporta una visión del mito del minotauro de tremenda sensibilidad y alto vuelo poético. Características propias de la literatura de este autor y exclusivas de la inteligencia humana, esa que nunca se verá amenazada por los últimos avances tecnológicos.

Por Carlos Boyra, guionista y escritor.

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